sábado, 8 de diciembre de 2012

Nacimiento 2012








¡Ya he puesto el Nacimiento!. Este año  lo he preparado con un poquito más de tiempo y tengo varias novedades. En primer lugar hemos comprado un tablero mucho más grande (2,45 m x 1 m.); quizás me haya pasado un poco, pero estoy la mar de contenta. Quería poner un mercado y lo he conseguido. He pasado los últimos dos meses fabricando tenderetes nuevos: uno, parecido al del año pasado, con un poco de todo;
 y los demás son: una frutería,


un hombre que vende pescado,
 un puesto de cacharros de barro

 y una piara de cerditos. 


También tengo tres habitantes nuevos: una ancianita con niño y una oronda señora (porque pastorcita no parece) que viene de la frutería con un melón bajo el brazo y un cesto de frutas... 


Este año hay un gran movimiento en Belén.

El adorno de las piñas, como remate del tablero, me lo ha    regalado Nora. Hecho por ella.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La lechera





No recuerdo con qué frecuencia venía la lechera a casa. Pero la ví alguna que otra vez, con sus botas cortas, calcetines gordos, un delantal grande a modo de falda envolvente sobre un vestido oscuro algo viejo y un pañuelo en la cabeza, atado por detrás. Traía una gran cántara que apoyaba sobre la mesa de pino  de la cocina y un “cuartillo” para medir.
  
 -¿Cuánta quiere hoy?  le preguntaba a mi abuelita. 
  - Déjeme cinco cuartillos... ¿No le echará agua, verdad? ¡Es que últimamente hace muy poca nata!
   - Ay, no señora, ¡qué cosas tiene!
.......
Seguro que alguna vez le echaría algo de agua para aumentar un poco más la ganancia pero de todos modos esa leche hervida sí que hacía nata. Muchas veces la abuelita hacía requesón y mantequilla y si llegábamos a tiempo, cuando estaba metida en danza, nos ponía una tostadita de pan con un montón de nata y azúcar por encima.

¡Eso era un manjar!.

lunes, 23 de abril de 2012

Mi hoya carnosa sigue viva




Este año, como lo hace siempre por primavera, mi Hoya está dando sus flores.  Y yo me he puesto a hacerle fotos, una tras otra, incansable, con ese ansia de fotografiar “hasta sus más hondos sentimientos”… ¡Es preciosa!; aquí dejo una muestra.

miércoles, 11 de abril de 2012

La Calle de la Bouza de Abajo



Dos de las ventanas de la habitación de la abuelita que, en un tiempo, fué también donde dormíamos nosotras, dan a la calle de la Bouza, una calle empinada que empieza en la plaza donde está la casa del Sr. Cura y termina en el Tombo. Ahora está asfaltada, pero antes era de tierra y no tenía aceras.


Nosotras no íbamos a jugar a la calle, como hacen los niños en los pueblos. No nos dejaban. Sin embargo, la calle tenía para mí un atractivo especial; era como un escenario en el que transcurrían las vidas de todos y desde las ventanas observábamos el ir y venir de la gente, mirábamos cómo jugaban las chicas a la billarda, como barría Chuco, incansable, y la hija de Celeste pasaba con el cesto en la cabeza, sin manos, y no se le caía… (¡qué envidia!); “Corazón”, el borracho oficial, a quien yo tenía mucho miedo, se paraba y decía palabrotas a voz en grito mirando hacia arriba; una mujer con un palo, guiaba a un par de cerdos para recogerlos en su cochiquera; las gallinas paseaban tranquilas hasta que las llamaban para comer; los niños se montaban en tablas de madera con ruedas pequeñitas, fabricadas por ellos mismos, y se dejaban caer a toda mecha desde la mitad de la cuesta con el peligro de estamparse en alguna pared…(¡nunca se estampaban!). Y, cuando llovía, la calle era como un torrente de agua incontrolada que arrastraba palitos, piedras y papeles, como barcos a la deriva... ¡Qué entretenido era ver correr el agua loca, precipitándose cuesta abajo!. Yo me he pasado grandes ratos disfrutando de ese espectáculo, y lo recuerdo tan fresco y tan mojado como antes, lleno de olor a lluvia y tierra.



Pescantina. Cerámica de Cesures


Algunas mujeres se descalzaban para no mojarse los zapatos; otras usaban zuecos. Y aquella pescantina (“pesca”, como llaman allí), con su cesto lleno de xoubas en la cabeza (esos cestos cuadrados, trenzados con láminas de madera de castaño, tan bonitos), bajaba descalza con el pico del delantal sujeto con la boca.

Podía parecer que el cesto le protegía del agua pero, entre las ranuritas del entramado, caía sobre su cabeza toda el agua de la lluvia mezclada con la del mar que llevaban las propias sardinas.







viernes, 16 de marzo de 2012

Siempre llega






Ah... ¡la primavera!... ¡nunca se olvida de llegar en forma de flor!





jueves, 19 de enero de 2012

Novedades en mi Nacimiento 2011

Este año tenemos unas cuantas novedades en el Nacimiento. Aparte de que es bastante mas grande que el del año pasado, cosa que me ha dado margen para agrandar el paisaje y dar más rienda a la imaginación, tenemos, como aportación de mi amiga Sisa, un dentista recién llegado de Brasil y una pareja de novios que por el tamaño bien pueden ser niños de Primera Comunión, hijos de cualquiera de los pastorcillos que andan por ahí con las ovejas. Estoy encantada. El dentista no tiene local adecuado y le he puesto a trabajar al aire libre, en pleno campo, del mismo modo en que estaba un barbero afeitando a un cliente en una cuneta de la carretera en Pekín, que lo vimos Ricardo y yo hace unos años… Así pueden ser las cosas. Para el 2012, si Dios quiere, haré un local especial, estoy segura, pues buena falta hace tener un dentista como Dios manda en un medio rural como Belén.

También he hecho un colmado con todos los alimentos necesarios (pan, quesos, melones, patatas, embutidos.. etc. etc.). Alguno de los alimentos me costó un trabajo enorme, como por ejemplo una serie de chorizos chiquititos que sólo se me ocurrió a mí hacerlos con fideos de la sopa, hidratados para poder manipularlos, pero que se manipulaban terriblemente mal, porque se me pegaban a los dedos y era espantoso… Al final, quedaron decentes, pero sufrí un poco, la verdad. La tienda está estupenda y uno de los pastores ya ha comprado una ristra de chorizos para llevar al portal… Así da gusto.

Y tengo tres figuritas nuevas que compré en la plaza Mayor. Dos de ellas son mujeres con niño. Una lleva al niño de la mano y la otra lo lleva en brazos. No tenía niños en mi Belén y ha sido un capricho que me he permitido. Además he decidido que todos los años iré a comprar alguna figurita más para engrosar la población. La otra que compré es una anciana que no tiene demasiado salero, pero… ¡ancianita, al fin y al cabo!.

¡Me lo paso de maravilla y no pienso desmontarlo hasta el mes de febrero!. Todavía no lo han visto mis vecinitos de enfrente.